La postura ideal no existe: por qué tu cuerpo no necesita ser domesticado
A veces me gusta esa sensación de no querer domesticar cuerpos.
El cuerpo ya nació libre y salvaje. Despierto.
No me gusta llevar tu pelvis a neutro porque sí. No me gusta llevar tus escápulas hacia atrás, ni tus hombros lejos de tus orejas… porque sí.
Sé que tu cuerpo se revolvería como animal enjaulado.
Lo que yo te propondría
En lugar de «colocarte», te propondría descubrir.
Descubrir si tus tobillos se han vuelto perezosos. Si tus rodillas se han vuelto tristes por no sentirse flexibles. Y entonces tu pelvis ha decidido hacerse la fuerte y cargar con lo que los demás han dejado de lado.
Y así, sin poder relajarse, no encuentra cómo suspenderse con tranquilidad en ese eje que ya viene desordenado desde abajo.
Ahí, una columna ruge desorientada, solicitando permisos para revolverse. Porque hace tiempo que perdió el norte. Se queja. Aúlla.
Y los hombros no quieren perderse este baile. Se antojan demasiado envidiosos. Quieren ver qué está pasando.
Incluso tu mirada cambia.
Postura ideal
«Si sabes lo que haces, puedes hacer lo que desees.» — Moshe Feldenkrais
👉 Domesticar el cuerpo no tiene sentido. Nos vuelve rígidos, nos paraliza y nos aleja de su naturaleza salvaje.
La postura ideal no es una posición fija que alguien te impone.
Es la consecuencia de un cuerpo que se conoce, que se mueve, que explora.
Un cuerpo que ha dejado de tener miedo.
Mi enfoque
Yo no soy modelo. Solo hablo y guío con la voz.
Ver cómo ante una misma consigna, personas diferentes hacen movimientos diferentes, es maravilloso. No hay nada que esté bien o mal.
👉 Tenemos miedo al error, pero la suma de los fracasos es el éxito. Experimentar desde el error es magnífico para encontrar tu propia vía.
Si quieres explorar tu cuerpo sin domesticarlo, te dejo el enlace a Menofit 4.0 por si te apetece echarle un vistazo. 💛